25ª Edición

1997

La sección de óperas primas en esta oportunidad nos ofrece una interesante visión de cuatro países iberoamericanos: Argentina, Brasil, Cuba y Méjico. La pluralidad de temas y regiones a que nos convoca esta muestra atiende a las más disímiles expectativas: Víctor Jorge Ruiz, argentino, autor de Flores Amarillas en la Ventana, es un patagónico al que la soledad y los aullidos del viento de su región le han tallado una particular sensibilidad no sólo respecto de las historias que lo seducen, sino de las atmósferas visuales que emplea para hacer de aquellas algo convincente y dramático.

Un Cielo en las Estrellas, de Tata Amaral, del Brasil, sugiere un lirismo que pareciera desvirtuar la reputación de sensualidad a toda costa – mero prejuicio- con que se suele identificar al producto fílmico brasileño.

Entre Pancho Villa y una Mujer Desnuda, de Sabina Bergman e Isabelle Tardan, de Méjico, es una película hecha con progesterona, muy reivindicatoria de esa otra forma, tan escasa en la pantalla, de mirar las relaciones de pareja desde el ángulo de la mujer, el mismo que pocas veces tiene su oportunidad de deliberar en un  género, el largometraje de ficción, aterradoramente dominado por lo masculino.

Pon tu Pensamiento en Mí, de Arturo Soto, Cubano. Esta película nos introduce en lo más inesperado de la Isla Antillana: el eclecticismo ideológico. El joven realizador, egresado de la EICTV., inaugura su filmografía con un trabajo del que se podría destacar el disentimiento, así sea en forma subliminal y sin aparentes alusiones contextuales, frente a la verticalidad y homogeneidad política que parecen estarse cuarteando en Cuba.

En Este Pueblo No Hay Ladrones de Alberto Isaac, de Méjico. Película germinal de un maestro al que el Certamen de Huesca rinde merecido homenaje. Hecha hace treinta años, este cinta es fundadora en demasiados sentidos: su presupuesto, escasísimo, está en proporción inversa a su imaginación. Tiene la virtud, además, de haber abordado una historia garciamarquiana sin que se avinagrara el producto en ese cambio de clima que va de la literatura a la pantalla. A estos méritos, que ya son suficientes, se les agrega otro que tiene un carácter litúrgico: sus actores son Luis Buñuel, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, José Luis Cuevas, amén de otras figuras sagradas que, para abaratarle costos al experimento, se le pusieron, por única vez en sus vidas, delante de la cámara a Alberto Isaac.

Lisandro Duque

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