26ª Edición

1998

En un momento de Lágrimas Negras, el rico documental de la realizadora holandesa Sonia Herman Dolz, Reinaldo Hierrezuelo afirma con rotundidad: "la música es medicina".

Cierto, cierto. A costa de resultar obvio, también se debería enfatizar que "la música rejuvenece". Basta con ver a los miembros de la Vieja Trova Santiaguera, cami¬nando en fila india, pasitos cuidadosos, que los cuerpos son frágiles y ellos van cargados de sus instrumentos y sus trajes de escenario. Entran en el Queen Elizabeth londinense, y se produce el milagro. Esos viejitos totémicos reviven y se transforman en volcanes. Volcanes de ritmo, melodía, canto, baile, picardía, sabiduría. Cubanidad, en una palabra.

Pero eso lo sabemos -lo hemos sentido en las vísceras- todos los que acudimos a sus conciertos. Lo extraordinario de Lágrimas Negras es que revela quienes son realmente esos titanes hieráticos: se les ve pacientes, aburridos, cabreados, sometidos a los rigores de una gira. A la vez, se revela de dónde vienen, lo que fueron sus vidas antes de reciclarse en músicos, quienes son las mujeres que comparten su azarosa existencia. Al fondo, esa ciudad hermosa y dura, fértil y cegadora, blanca de paredes y negra de vida que se llama Santiago de Cuba. Después de Lágrimas negras, sube tu respeto por la Vieja Trova Santiaguera aunque se hayan desvanecido algunos de sus misterios. Y es que, amigo, Reinaldo y compañía son hombres de carne y hueso.

Diego A. Manrique

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario