33ª Edición

2005

No es casualidad que la esencia, parte de la esencia de nuestros sueños y aspiraciones, se inmiscuya de forma casi inaudita y sutil, con esa sensación de maldad que anida en el fondo de nuestro inconsciente, fondo que proviene de la primigenia tendencia del ser humano a ser omnipresente, para pretender tener su parte de dominio en nuestras ideas y actos.

Esta semilla puede ser simplemente testimonial, a veces no manifestándose nunca, o hacer acto de presencia de manera preocupante, llegando en ocasiones a dominarnos. Este es el caso de una serie de películas que tendremos ocasión de revisar en la pantalla de cine y que tienen como nexo común esa maldad inconsciente, que en muchas de ellas llega a ser plenamente consciente y dominante, que va desde la inquietante condición humana que domina todo el entramado, como sugiere Peter Lorre, de M, el vampiro de Dusseldorf, para manifestar su andadura violenta, prepotente y mafiosa de Paul Muni en Scarface, llegando a límites de quién domina a quién y por qué en El último refugio, con duelo interpretativo incluido de Ida Lupino y Humphrey Bogart para llegar a las sinuosas veleidades del alma humana y sus razones para el dominio sobre los demás, como demuestra Barbara Stanwick en Perdición, lo que sí queda claro en las estentóreas carcajadas de James Cagney, quien ha llegado a la cima del mundo y proclama su triunfo plagado de sombras, en Al rojo vivo, y que se manifiesta en las escondidas alteraciones de la vida cotidiana de Robert Mitchum en el desenvolvimiento de La noche del cazador, para llegar al anonadamiento físico y mental de una semilla de maldad que aflora en cada gesto, en cada fotograma de ese gran guiñol que es ¿Qué fue de Baby Jane?, con la inestimable colaboración de Bette Davis y Joan Crawford, insuperables en su maldad tan eficiente como cinematográfica y que está más allá de la realidad.

Estas siete películas pueden dar lugar a reflexiones sobre el comportamiento humano, al tiempo que diseccionan, cada una a su modo, los entresijos por los que tantos seres humanos se guían en su deambular sobre la tierra, nunca conquistada del todo, aunque los protagonistas de todas ellas querrían hacer a toda costa, empleando para ello todas las armas que la maldad, la intemperancia, la dejadez, les procuren. Nosotros vemos y aprendemos, y hasta podemos sacar conclusiones que pueden ser útiles para nuestras vidas, siempre que no nos lo impida la semilla de la maldad.

Carlos Losada

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