34ª Edición

2006

¡Quién lo iba a decir! La Escuela de San Tranquilino, de San Antonio, la EICTV, la sobrenombrada de Tres Mundos, la Escuela del Gabo, va a cumplir sus primeros veinte años. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Se han graduado cientos de eicetevianos. Se le ha concedido, en 1993, el Premio Rossellini, como una de las mejores Escuelas de Cine del mundo. Por sus aulas han pasado figuras como Pilar Miró, Ettore Scola, Costa Gavras, Francis Ford Coppola, Mirnal Sen, Peter Greennaway, Gastón Kaboré, y un largo etcétera de los mejores cineastas de América Latina.

Nosotros los de entonces crecimos en  las aguas perturbadoras de los años sesenta. En  el mundo se expandía un pensamiento revolucionario. Se transformaban las costumbres, el colonialismo terminaba, se transformaba el cine. Al calor de esos aires surgía la Escuela en el corazón del Comité de Cineastas de América Latina. Hoy se expande un pensamiento contrarrevolucionario, regresivo, un  pensamiento único que impone el fin de la diversidad. El mundo se ha llenado de mediocres que aplauden su propia mediocridad.

La Escuela no es una Escuela Nacional, es una Escuela esencial y legalmente latinoamericana. El alumnado lo forman estudiantes latinoamericanos y caribeños, pero participan también jóvenes de todas partes,  especialmente de África y España. La Escuela no es solo un Proyecto Docente es también un Proyecto de Vida. En ella estudiamos mientras nos descubrimos. No es una Escuela que minimice la técnica pero no es una Escuela tecnocrática, es una Escuela que propicia el desarrollo del talento, que se pretende como fábrica de energía creadora.

Uno de sus grandes objetivos es hacernos visibles. América Latina es todavía un continente invisible. Es mentira que nos hayan descubierto. Colón creía que Cuba estaba en Asia. Desde entonces hacemos esfuerzos porque nos acaben de descubrir. Nosotros conocemos la Historia y la Cultura europeas, ellos no conocen las nuestras. En materia de cine, primero descubren a un director de tercera de Hollywood que a uno nuestro de primera.

Otro de los grandes empeños de la Escuela  es contribuir a garantizar el derecho a ver cine de todas partes del mundo. En América Latina el espectador es un espectador cautivo, no tiene garantizado el derecho a elegir. Resultado: No existe una verdadera libertad del creador si no existe también una libertad para el espectador. Por cuanto: No hay cine independiente si no hay país independiente.

La Escuela se ha llevado premios en numerosos Festivales del mundo. Es la única manera de darnos a conocer. Pero no creemos que el arte se haya hecho para competir. Sería absurdo ver a Picasso compitiendo con Dalí o a Faulkner con Hemingway. El cine tampoco se ha hecho para competir sino para compartir. Para compartir una experiencia, algo de nuestra intimidad y siempre el misterio eterno de la vida y del arte.

Cuando se inauguró la EICTV el Gabo nos dijo “Ustedes pueden ser los desempleados más caros del mundo”. Desde entonces tratamos de que sus palabras no sean verdad.

Julio García Espinosa

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